POESIA GUATEMALTECA


La poseía guatemalteca es una de las mejores de América Latina y también una de las más desconocidas en nuestro país. Por esto, hemos querido poner nuestro granito de arena y presentar a una serie de autores principales que se dieron a conocer a partir de mediados del siglo pasado y en los que, quizá más que en ningún otro lugar del mundo, creación literaria y vida se funden en un todo indisoluble.
Desde Alaíde Foppa hasta Isabel de los Ángeles Ruano, y pasando por José Manuel Arce, Roberto Obregón, Mario Payeras y Otto René Castillo, la poesía guatemalteca de segunda mitad del siglo XX se vio marcada por tres características principales que, entre otras, la definen: En primer lugar, la situación política de Guatemala, donde en 1954 un golpe de Estado propiciado por la CIA y el gobierno de los EEUU pondría fin a la revolución democrática iniciada por los presidentes Juan Jozé Arévalo y Jacobo Arbenz e instauraría una serie de sangrientas dictaduras militares que se prolongarían hasta finales de siglo. La población guatemalteca se vio sumergida en un túnel de represión y pobreza extrema que hoy, arropadas por gobiernos civiles, connivencias internacionales e intereses neoliberales, aún colean.

Algunos poemas para muestra

Ella se siente a veces...
Ella se siente a veces
como cosa olvidada
en el rincón oscuro de la casa
como fruto devorado adentro
por pájaros rapaces,
como sombra sin rostro y sin peso.
Su presencia es apenas
vibración leve
en el aire inmóvil.
Siente que la traspasan las miradas
y que se vuelve niebla
entre los torpes brazos
que intentan circularla.
Quisiera ser siquiera
una naranja jugosa
en la mano de un niño
-no corteza vacíauna
imagen que brilla en el espejo
-no sombra que se esfumay
una voz clara
-no pesado silencioalguna
vez escuchada.

General

General 

—no importa cuál, 
da lo mismo, 
es igual—: 
Para ser General, 
como usted, General, 
se necesita 
haber sido nombrado General. 
Y para ser nombrado General, 
como usted, General, 
se necesita 
lo que usted no le falta, General. 
Usted merece bien ser General, 
llena los requisitos, General. 
Ha bombardeado aldeas miserables, 
ha torturado niños 
ha cortado los pechos de las madres 
rebosantes de leche, 
ha arrancado los testículos y lenguas, 
uñas y labios y ojos y alaridos. 
Ha vendido mi patria 
y el sudor de mi pueblo 
y la sangre de todos. 
Ha robado, ha mentido, ha saqueado, 
ha vivido 
así, de esta manera, General. 
General 
—no importa cuál—: 
para ser General, 
como usted, General, 
hay una condición fundamental: 
ser un hijo de puta, 
General.

Sermón presidencial

Pasó el Ejército 

y del dulce pueblito que antes era 
atractivo turístico 
en las postales multicoloridas, 
no quedó piedra sobre piedra 
ni quien para contarlo: 
se encontró los cadáveres de mujeres preñadas 
con el feto asomado por la herida del vientre. 
Se encontró a muchachitos de cinco años y menos 
colgados de las tripas en las ramas de un árbol. 
Los ancianos del pueblo, 
venerables, 
estaban decapitados en la plaza frente a la iglesia. 
No quedaba ni quien para contarlo. 
Ni los perros. 
Y la prensa, la radio y la televisión 
repetían, hoy lunes, el sermón del domingo 
del Señor Presidente 
—general y pastor evangelista—, 
que comenzó diciendo: 
»Dios es Amor, hermanos...»

Las mujeres levantan la mirada 

y corren con un niño en el pecho, y otro niño en la espalda y 
otro niño en el vientre, 
y un niño mas colgando en cada brazo. 
Los viejos sacan fuerzas de flaqueza, escarban en los reumas 
hasta hallar los pedazos 
de energía que quedan y corren o se arrastran mas bien. 
Los helicópteros están sobre los ranchos, las casas, las calles, 
y los patios. 
Las llamas de napalm roen los techos de amable paja, 
el campanario de la iglesia estalla, 
los perros cabalgados por el fuego revientan en aullidos, 
el paisaje se borra en el humazón caliente. 
Vuelven los helicópteros. 
Esta vez se declara el aguacero torrencial de balazos, 
las cortinas que vienen barriendo lo que queda de vida entre 
las brasas 
y acosando en seguida la montaña 
donde los trajes imperiales de las mujeres sirven de objetivo 
seguro. 
—perseguido-encontrado-perseguido-encontrado y alcanzado— 
por la eficacia de los artilleros. 
Y el niño esta en el patio sin su piedra. 
Termino el juego 
cuando aún tuvo tiempo de lanzarla 
contra los helicópteros. 
En este mapa ardiente que describe mi patria 
ya no existen niños: 
desde que el hombre nace, nace adulto. 
Adulto y combatiente.


Equis-equis

—No, no es él. 

—Sí, sí es él. 
—No, no es él. No es posible que esto pueda ser él. 
—Mira la cicatriz de la vacuna. 
—No, no es él. 
—Mira la corona de la muela que le puso Miguel 
hace seis meses. 
—No, no es él. 
—Yo pienso que sí es él. Que esta vez si es él. 
—No, no es él. 
Como podría ser él si no tiene ojos. 
Como podría ser él si no tiene sus manos laboriosas. 
Como podría ser él si le han cortado sus semillas de hombre. 
Como podría ser él sin su guitarra ni su canción, 
sin aquel ceño duro ante el peligro, sin aquella sonrisa en el 
trabajo. 
sin su voz pronunciando el pensamiento, sin su tonta manía 
de regalarme flores. 
Como podría ser él. 
No es él. Te digo que no es él.

No quiero que sea él. 

He aprendido

A no mendigar 

por una caricia.

A no rogar 
por un "Te Quiero".

A no pedir 
un beso.

A no llorar 
por un perdón.

A no reprochar 
una promesa rota.

A no juzgar 
sin conocer.

A no opinar 
sin saber.

Lo único que me 
falta aprender es, 
¡Cómo olvidarte!....


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