POEMA LA GUADALUPANA

Dicen que fue un indio el que la vio,
de ella un claro mandato él recibió,
le pedía erguir un templo en su honor
para cumplir sus nobles peticiones.
El indio Juan Diego su embajador fue
llevando con  humildad su mensaje
que está lleno de amor a la humanidad
como una madre que a sus hijos se da.
El pobre indio incapaz de su tarea se sintió
sin embargo ella con total certeza preguntó
¿No estoy yo aquí? ¿No soy tu madre? ¿No
estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud?
¿No estás por ventura en mi regazo?
¿Qué más has menester? no te apene ni te
inquiete otra cosa, sólo confía y espera.
Palabras que confortan un corazón 
devoto o de quien dice ser ateo, son
palabras reconfortantes que vienen
de la madre, la madre que hace todo
por amor a sus hijos.
Le llaman la Guadalupana, la del cerro
del Tepeyac, la madre que a sus pupilos
encamina hacia el buen Padre Dios, para
sus buenos deseos poder cumplir.
Eres la Guadalupana, mi Virgen Morena
la patrona de México y emperatriz de América
la madre que no deja a nadie con las
manos vacías, cuando se pide con fe.
La Guadalupana en tu día, te entrego
mi corazón y a mi familia como ofrenda
permanente de nuestro amor, pido tu
intercesión ante el Todopoderoso
para que se hagan realidad nuestros
nobles deseos que encomendados
a ti con fe, cuida y protege a mis
hijos, que son tus hijos.

Autor: Edwin Yanes