31 ene. 2014

POEMA A TI MUJER HERMOSA

A ti sublime mujer que en la distancia
me llenas de alegría, fe y esperanza
con cada palabra según la circunstancia
dotando mi vida de plena confianza.

A ti mujer de fuego con sabor caribeño
que inundas mi ser de dicha y felicidad
al saberme tu único y por siempre dueño
el amante perfecto que habita tu soledad.

A ti mujer hermosa, de noble corazón
la dueña de mis más hondos suspiros
sólo por ti estoy perdiendo la razón
con tus únicos encantos de finos zafiros.

A ti mujer, que con tus acciones llenas
mi mundo con los colores del bello sol
mitigando en gran manera mis penas
encausándose a tomar en mi el control.

A ti tierna mujer que sin pedir nada
me das a cambio todo, amor y cariño
siendo en los días grises mi sutil hada
llenándome de sonrisas como niño.

Autor: Edwin Yanes
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30 ene. 2014

POEM MY SOUL IS TORN

My soul is torn inside, 
to have you near me and knowing 
you are the owner of another man. 
At night I remember your kisses, 
those who you planted me with rage, 
leaving its mark on my body, 
in my mind and my being. 
My heart bleeds with pain, 
to not possess you 
in this loneliness that kills. 
Sad it´s my life yearning for you, 
after sleepless nights, 
watching your photography 
on the nightstand. 
It hurts me to accept reality, 
no matter how much i love you, 
you mine not will be.

Author: Edwin Yanes

POEMAS DE ISMAEL CERNA

Ismael Cerna Sandoval (3 de julio de 1856 - 8 de abril de 1901) fue un poeta originario de Chiquimula, sobrino del expresidente de Guatemala, Vicente Cerna. Fue perseguido por el presidente Justo Rufino Barrios hasta ser encarcelado, para después ser liberado y emigrar a El Salvador, desde donde se convirtió en uno de los precursores del teatro guatemalteco (Matta, 1993). - 
EN LA CÁRCEL

¿Y qué! Ya ves que ni moverme puedo
y aún puedo desafiar tu orgullo vano.
¡A mí no logras infundirme miedo
con tus iras imbéciles, tirano!

Soy joven, fuerte soy, soy inocente
y ni el suplicio ni la lucha esquivo;
me ha dado Dios un alma independiente,
pecho viril y pensamiento altivo.

Que tiemblen ante ti los que han nacido
para vivir de infamia y servidumbre,
los que nunca en su espíritu han sentido
ningún rayo de luz que los alumbre;

los que al infame yugo acostumbrados
cobardemente tu piedad imploran;
los que no temen verse deshonrados
porque hasta el nombre del honor ignoran.

Yo llevo entre mi espíritu encendida
la hermosa luz del entusiasmo ardiente;
amo la libertad más que la vida
y no nací para doblar la frente.

Por esto estoy aquí do altivo y fuerte
tu fallo espero con serena calma;
porque si puedes decretar mi muerte,
nunca podrás envilecerme el alma.

¡Hiere! Yo tengo en la prisión impía
la honradez de mi nombre por consuelo.
¿Qué me importa no ver la luz del día
sin tengo en mi conciencia la del cielo?

¿Qué importa que entre muros y cerrojos
la luz del sol, la libertad me vedes,
si ven celeste claridad mis ojos,
si hay algo en mí que encadenar no puedes?

Sí; hay algo en mí más fuerte que tu yugo,
algo que sabe despreciar tus iras
y que no puedes sujetar, verdugo,
al terror que a los débiles inspiras.

¡Hiere…! Bajo tu látigo implacable,
débil acaso ante el dolor impío,
podrá flaquear el cuerpo miserable,
pero jamás el pensamiento mío.

Más fuerte se alzará, más arrogante
mostrará al golpe del dolor sus galas:
el pensamiento es águila triunfante
cuando sacude el huracán sus alas.

Nada me importas tú, furia impotente,
víctima del placer, señor de un día;
si todos ante ti doblan la frente
yo siento orgullo en levantar la mía.

Y te apellidas liberal ¡bandido!
tú que a las fieras en crueldad igualas,
tú que a la juventud has corrompido
con tu aliento de víbora que exhalas.

Tú, que llevas veneno en las entrañas,
que en medio de tus báquicos placeres,
cobarde, ruin y criminal te ensañas
en indefensos niños y mujeres.

Tú, que el crimen ensalzas, y escarneces
al hombre del hogar, al hombre honrado;
tú, asesino, ladrón, tú que mil veces
has merecido la horca por malvado.

¡Tú, liberal…! Mañana que a tu oído
con impotente furia acusadora
llegue la voz del pueblo escarnecido
tronando en tu conciencia pecadora…

Mañana que la patria se presente
a reclamar sus muertas libertades
y que la fama pregonera cuente
al asombrado mundo tus maldades;

al tiempo que maldiga tu memoria
el mismo pueblo que hoy tus plantas lame,
el dedo inexorable de la historia
te marcará como a Nerón, ¡infame!

Entonces de esos antros tenebrosos
donde el honor y la inocencia gimen;
donde velan siniestros y espantosos
los inicuos esbirros de tu crimen;

de esos antros sin luz y estremecidos
por tanto ayes de amargura y duelo;
donde se oye entre llantos y gemidos
el trueno de la cólera del cielo,

con aterrante voz, con prolongada
voz, que estremezca tu infernal caverna,
se alzará cada víctima inmolada
para lanzarte maldicion eterna.

En tanto, hiere déspota, arrebata
la honra, la fe, la libertad, la vida;
tu misión es matar: ¡sáciate, mata,
mata y báñate en sangre fratricida!

Mata, Caín, la sangre que derrames
entre gemidos de dolor prolijos
¡oh! infame, el mayor de los infames,
irá a manchar la frente de tus hijos.

Aquí tienes también la sangre mía,
sangre de un corazón joven y bravo,
no quiero tu perdón, me infamaría…
Mártir prefiero ser, a ser esclavo.

¡Hiéreme a mí que te aborresco, impío!
a ti que con crueldades inhumanas
mandaste a asesinar al padre mío
sin respetar sus años, ni sus canas.

Quiero que veas que tu furia arrostro
y sin temblar que agonizar me veas,
para lanzarte una escupida al rostro
y decirte al morir: maldito seas.

EL PERDÓN

No vengo a tu sepulcro a escarnecerte,
no llega mi palabra vengadora
ni a la viuda, ni al huérfano que llora,
ni a los fríos despojos de la muerte.

Ya no puedes herir ni defenderte,
ya tu saña pasó, pasó tu hora;
solamente la historia tiene ahora
derecho a condenarte o absolverte.

Yo que de tu implacable tiranía
una víctima fui, yo que en mi encono
quisiera maldecirte todavía,

no olvido que un instante en tu abandono
quisiste engrandecer la Patria mía.
Y en nombre de esa Patria te perdono.