POEMA AMADA ESPOSA MÍA

Amada esposa mía, sabes
una cosa, cada beso que
me das, sabe a rocío de
fresca mañana de diciembre,
cada abrazo que me das
se asemeja al viento abrazador
que corre del norte, cada mirada
me sabe a ternura y endulza
la existencia del hombre que
te ama sin límites.
Amada esposa mía, a veces
las palabras no me alcanzan
para decirte lo mucho que
significas para mi, las acciones
son cortas con todo lo que
te quiero dar, pero que por
razones de la vida nos toca
por algún tiempo con esperanza
firme y duradera esperar.
Agradezco cada despertar
y verte a mi lado con la
sonrisa encantadora como
la aurora que nos anuncia
el nuevo día, me gusta sentir
tu mano que recorre mi pecho
y en seguida el tronador beso
y la pregunta que no puede
faltar, cómo amaneciste
amor.
Pido a Dios que me alcance
la vida para amarte eternamente
como tú mi gordis hermosa lo
mereces, porque has sabido
entregarte sin medidas ni
reservas, cambiando ciertas
actitudes en pro de la felicidad
que por dicha se hace presente
cada día al abrir las ventanas
al amor.
Gracias esposa mía, por darme
lo más bello que tengo en la vida,
nuestros amados pupilos que son
el mayor motivo de nuestras penas
y alegrías; ese loco soñador que
se robó enteramente mis genes
para colmarte de alegría en
mi ausencia, qué decir de la
princesa de la casa y su tan
distinguida actitud minuciosa,
que cada día nos sorprende
con una nueva cosa, gracias
amor por el regalo de la vida
a través de nuestros hermosos
y amados pétalos de flor.

Autor: Edwin Yanes

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