AMOR MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Me senté sobre la vieja silla
con las manos tendidas sobre
la mesa, pensando qué gritarle
al mundo y una brisa sopló fuerte
del oriente y presentí que eras tú,
pidiéndome que no te olvide y
que grite a los cuatro vientos lo
mucho que tú y yo nos amamos.
Rodaron de mis ojos unas lágrimas
como presagio de aquella noche de
abril en que nos fugaríamos y en tu
escape de la ira de tus padres por
la cornisa de la bella mansión se
estremeció contra el piso tu noble
corazón de musa angelical que no
he de olvidar, que sin quererlo y
sin pensarlo, la vida diste por mi.
Tan sólo recordarte me duele en
el alma y aún siento pena por dentro
y pesar en el corazón, pues tú diste
la vida y yo sigo aquí en este mundo
de locos como solitario penante.
Lo único que espero de ti es el
perdón, y que en el más allá me
recuerdes como lo hago a diario
aquí en el infierno terrenal que
se vive sin ti, porque sabes mujer
a nadie amé ni amaré como te
amé a ti.

Autor: Edwin Yanes

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