NOSTALGIA DE UN ADIÓS

La herida sanó y el recuerdo quedó
raudo y presuroso el tiempo se fue
dejando a su paso la dura nostalgia
que contagia el alma y el corazón.
Nada ni nadie frenó su caminar
confiaba en su instinto de mujer
oriental, de las que no se rajan
y luchan como ninguna por la vida.
Dejó la nostalgia de un adiós,
trago amaro que tuve que beber
no por mera elección personal
sino por obligación del triste corazón.
Cada rosa que deshojé esperando
su regreso, al jardín de sus senos
se lo cobraré, con besos cálidos
con sabor a deseo de vagabundo.
Cada lágrima que le derramé
una a una en noches de insomnio
se las reclamaré, escondido tras
la repisa como fantasma del amor.
No le guardo rencor, tampoco
lo hace la flor con el sol que mata
en cada atardecer su belleza pura
colmada de aromas a melancolía.
Me despido con olor a hierba
esperando entre verdes praderas
plagadas de deseo infernal que
no perece, aún en la soledad.

Autor: Edwin Yanes

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