POEMAS ERÓTICOS DE MUJERES

CANCIÓN DESNUDA
Despierta de caricias, 
aún siento por mi cuerpo corriéndome tu abrazo. 
Estremecido y tenue sigo andando en tu imagen. 
¡Fue tan hondo de instintos mi sencillo reclamo... 

!De mí se huyeron horas de voluntad robusta, 
y humilde de razones, mi sensación dejaron. 
Yo no supe de edades ni reflexiones yertas. 
¡Yo fui la Vida, amado ! 
La vida que pasaba por el canto del ave 
y la arteria del árbol. 

Otras notas más suaves pude haber descorrido, 
pero mi anhelo fértil no conocía de atajos: 
me agarré a la hora loca, 
y mis hojas silvestres sobre ti se doblaron. 

Me solté a la pureza de un amor sin ropajes 
que cargaba mi vida de lo irreal a lo humano, 
y hube de verme toda en un grito de lágrimas, 
¡en recuerdo de pájaros! 

Yo no supe guardarme de invencibles corrientes 
¡Yo fui la Vida, amado ! 
La vida que en ti mismo descarriaba su rumbo 
para darse a mis brazos.

NOCHE DE AMOR EN TRES CANTOS
I - OCASO 

¡Cómo suena en mi alma la idea 
de una noche completa en tus brazos 
diluyéndome toda en caricias 
mientras tú te me das extasiado! 

¡Qué infinito el temblor de miradas 
que vendrá en la emoción del abrazo, 
y qué tierno el coloquio de besos 
que tendré estremecida en tus labios! 

¡Cómo sueño las horas azules 
que me esperan tendida a tu lado, 
sin más luz que la luz de tus ojos, 
sin más lecho que aquel de tu brazo! 

¡Cómo siento mi amor floreciendo 
en la mística voz de tu canto: 
notas tristes y alegres y hondas 
que unirán tu emoción a tu rapto! 

¡Oh la noche regada de estrellas 
que enviará desde todos sus astros 
la más pura armonía de reflejos 
como ofrenda nupcial a mi tálamo! 

II - MEDIA NOCHE 

Se ha callado la idea turbadora 
y me siento en el sí de tu abrazo, 
convertida en un sordo murmullo 
que se interna en mi alma cantando. 

Es la noche una cinta de estrellas 
que una a una a mi lecho han rodado; 
y es mi vida algo así como un soplo 
ensartado de impulsos paganos. 

Mis pequeñas palomas se salen 
de su nido de anhelos extraños 
y caminan su forma tangible 
hacia el cielo ideal de tus manos. 

Un temblor indeciso de trópico 
nos penetra la alcoba. ¡Entre tanto, 
se han besado tu vida y mi vida... 
y las almas se van acercando! 

¡Cómo siento que estoy en tu carne 
cual espiga a la sombra del astro! 
¡Cómo siento que llego a tu alma 
y que allá tú me estás esperando! 

Se han unido, mi amor, se han unido 
nuestras risas más blancas que el blanco, 
y ¡oh milagro! en la luz de una lágrima 
se han besado tu llanto y mi llanto... 

¡Cómo muero las últimas millas 
que me ataban al tren del pasado! 
¡Qué frescura me mueve a quedarme 
en el alba que tú me has brindado! 

III - ALBA 

¡Oh la noche regada de estrellas 
que envió desde todos sus astros 
la más pura armonía de reflejos 
como ofrenda nupcial a mi tálamo! 

¡Cómo suena en mi alma la clara 
vibración pasional de mi amado, 
que se abrió todo en surcos inmensos 
donde anduve mi amor, de su brazo! 

La ternura de todos los surcos 
se ha quedado enredando en mis pasos, 
y los dulces instantes vividos 
siguen, tenues, en mi alma soñando... 

La emoción que brotó de su vida 
-que fue en mí manantial desbordado-, 
ha tomado la ruta del alba 
y ahora vuela por todos los prados. 

Ya la noche se fue; queda el velo 
que al recuerdo se enlaza, apretado, 
y nos mira en estrellas dormidas 
desde el cielo en nosotros rondando... 

Ya la noche se fue; y a las nuevas 
emociones del alba se ha atado. 
Todo sabe a canciones y a frutos, 
y hay un niño de amor en mi mano. 

Se ha quedado tu vida en mi vida 
como el alba se queda en los campos; 
y hay mil pájaros vivos en mi alma 
de esta noche de amor en tres cantos.

Julia de Burgos
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POEMA CUARTO
(Canción del Esposo a su Amada)

Asomada a mi pecho
tatuada en él como la edad
y el daño.

Como una suave grey de colinas
cuyo rumbo retorna con el alba,

Habla mi amada
con su amor que tiene
apenas pecho diurno y voz descalza.

A mi sombra
se bordearon de pulpa sus caderas.

Por mí arrea con sus pechos
el ganado del alba,

Y la tarde a su paso se quebranta,
como de junco herido
y laurel entornado.

Párpados transitadosv de nieve y mediodía,

Pozo donde mi boca
desmedida resbala
como torrente de paloma
y sal humedecida.

Sobre los muslos te pusieron
racimos de ira y vocación de besos.

Yo haré que de tus muslos
bajen manojos de agua,
y entrecortada espuma,
y rebaños secretos.

Ven,
Amada.

Los árboles
todos tienen tu cándida estatura,
y tu párpado caído,
y tu gesto mojado,

Edificio de alondras
habitado de climas
donde legisla el sol
sobre viñedos de oro.

A tu sombra
me encontrarán los pájaros salvajes.

Tu voz de aire caído
entre cuatro azucenas,
desfilará en mi oído
como acude la tarde.

Ven,
te probaré con alegría,
tú soñaras conmigo
esta noche.

Eunice Odio
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CUANDO TE MIRO CON GANAS
Sobre mis párpados
tengo sentadas
dos gatas negras.
Te miran…
Cuando parpadeo
arquean sus colas
alzándolas como una falda. 
Buscan con sus hociquitos
la humedad de tu boca
refriegan sus cuerpos
por tu sexo
haciendo un zigzag
entre tus piernas y el techo.
Luego vuelven
atorrantas
a esperar sobre mis ojos.

Valeria Cecilia Paraiso
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ARDOR
Soñar…
hasta que el día anuncie con su 
vértigo de soledades que la taciturna noche
arremetió salivando embrujos en los cristales 
de centenares de estrellas que cómplices 
encarcelan el secreto de algún rostro
que se transfiguró en indomable latido 
en el torrente de alguna irradiación.

Soñar…
¡y qué importa! 
si la noche siempre ha sido
cómplice de la fatiga de una seducción,
por eso duelen tantos besos robados a instancias
que jamás amanecieron dulce en el roce
de los labios jugando al amor.

Soñar…
Con el certero abismo de un delirio 
que pulsante y húmedo arremete 
en las entrañas que alucinantes
se van desvistiendo, mujer en floración, 
fibra de infierno luciendo destellos hurtados
al cielo de un dios, del yagrumo la flor.

Soñar…
que puede ser jadeante afrodita 
ardiente y matizada ráfaga pululando ardor
febril delirio su imaginación
centellea a gritos su rojo tormento
el grito de amor…

Luz María López
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REFLEJO
Labios que saben a elixir de fresa,
dulce rocío del albor, su boca,
miel que sustenta mi lascivia loca
y en su perfume me retiene presa.

Su mirada radiante de frambuesa
ilumina mi piel de color moca,
me abraza el fuego de su flor de roca
y en sus liras renace mi alma ilesa.

Vislumbro su fragancia en el espejo,
esbozo su figura y lo imagino
como el producto noble del reflejo

de la mente en un cuadro cristalino
que lo crea a su gusto con gracejo,
atrapada en su rostro peregrino.

Mariela Lioi

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