AMOR EN LA SILLA

Ella lo visitó de sorpresa y
por la espalda lo estrujó con
amor que penetra el alma, él
se dio la vuelta fascinado por
la radiante mirada que emana
el más sublime amor de dos
amantes prohibidos.
Quiso besarla perdidamente
pero ella conocedora del
buen sufrimiento lo ató de
las manos sobre el respaldo
de la silla, mientras se despojó
de la sensual ropa que lucía
para la ocasión, sus ojos se
dilataron y parecían planetas
escapando de su órbita para
escabullirse en el centro
de su amada, que con arte
el show iniciaba luciendo
un top negro combinado
con una tanga negra de
encaje a mano bordado.
Él quería beber el agua
de su bella fuente, mientras
ella con mucho erotismo
y sensualidad le bailaba,
luego de eso, una breve
pausa realizó y por fin
a su amado besó, ese
beso penetró las fibras
del alma que con insistencia
más y más pidió, ante lo cual
ella no obedeció y su explosivo
baile siguió, pasado los minutos
nuevamente lo besó, iniciando
por la boca y siguiendo la ruta
del cuello hacia el ombligo,
si vieran lo mucho que ese
hombre tembló, parecía que
tenía frío, sin embargo lo
mataba el calor de la pasión,
droga perfecta que da vida.
Por largos minutos lo besó
hasta que cuenta se dio de
que su cuerpo al extremo
se excitó y continuó su linda
faena, haciendo una pausa
en su hombría, que con locura
él disfrutó, tomándola de la
cabeza con sus fuertes
manos, él al ritmo se adaptó
y ese día jadeó como
nunca antes.

Autor: Edwin Yanes