EL DON DE LA VIDA

Por muchos años tiré
las semillas en el desierto,
no dieron fruto y el sol las
secó, pero llega el momento
para sembrar y la necesidad
de dejar huella en fruto nuevo.
Lancé palabras al mar para
que la sal las ahogara, el cielo
las recibió y en regalo me las
devolvió, no pedí lo que se me
dio, no busqué lo que encontré,
pero de algo estoy seguro, muy
feliz seré porque Él no se 
equivoca y calla con regalos
de bendición mi boca que tanto
en momentos de locura habló.
Pensé que sólo en pizzas daban
dos por una pero he comprobado
que también en el cielo hay
promociones y se dan bendiciones
por montones, tanto así que
a veces no sabemos qué hacer
e iniciamos a pensar qué será
de nosotros anta la grandeza 
de el don de la vida.
Cierro mis ojos y pido al cielo
una esperanza para encontrar
el camino que me lleve a ese
destino que sin existir exista
para mí y me conduzca a buen
fin, sin dudar ni un instante
de que los milagros existen
y que este es un claro ejemplo
que has puesto en mi camino.
Siempre le apuesto al don
de la vida y agradezco lo
mucho que me has dado.

Autor: Edwin Yanes