POEMAS DE MIGUEL ANGEL ASTURIAS

POEMAS
GUATEMALA

(Cantata)
1954
¡Patria de las perfectas luces, tuya 
la ingenua, agraria y melodiosa fiesta, 
campos que cubren hoy brazos de cruces!
¡Patria de los perfectos lagos, altos 
espejos que tu mano acerca al cielo 
para que vea Dios tantos estragos!
¡Patria de los perfectos montes, cauda 
de verdes curvas imantando auroras, 
hoy por cárcel te dan tus horizontes!
¡Patria de los perfectos días, horas 
de pájaros, de flores, de silencio 
que ahora, ¡oh dolor!, son agonías!
¡Patria de los perfectos cielos, dueña 
de tardes de oro y noches de luceros, 
alba y poniente que hoy visten tus duelos!
¡Patria de los perfectos valles, tienden 
de volcán a volcán verdes hamacas 
que escuchan hoy llorar casas y calles!
¡Patria de los perfectos frutos, pulpa 
de paraíso en cáscara de luces, 
agridulces ahora por tus lutos!
¡Patria del armadillo y la luciérnaga 
del pavoazul y el pájaro esmeralda, 
por la que llora sin cesar el grillo!
¡Patria del monaguillo de los monos, 
el atelcolilargo, los venados, 
los tapires, el pájaro amarillo
y los cenzontles reales, fuego en plumas 
del colibrí ligero, juego en voces 
de la protesta de tus animales!
Loros de verde que a tu oído gritan 
no ser del oro verde que ambicionan 
los que la libertad, Patria, te quitan.
Guacamayas que son tu plusvalía 
por el plumaje de oro, cielo y sangre, 
proclamándote va su gritería...
¡Patria de las perfectas aves, libre 
vive el quetzal y encarcelado muere, 
la vida es libertad, Patria, lo sabes!
¡Patria de los perfectos mares, tuyos 
de tu profundidad y ricas costas, 
más salóbregos hoy por tus pesares!
¡Patria de las perfectas mieses, antes 
que tuyas, júbilo del pueblo, gente 
con la que ahora en el pesar te creces!
¡Patria de los perfectos goces, hechos 
de sonido, color, sabor, aroma, 
que ahora para quién no son atroces!
¡Patria de las perfectas mieles, llanto 
salado hoy, llanto en copa de amargura, 
no la apartes de mí, no me consueles!
¡Patria de las perfectas siembras, calzan 
con hambre de maíz sus pies desnudos, 
los que huyen hoy, tus machos y tus hembras!

SALVE GUATEMALA

¡Salve Guatemala! 
¡Salve, Guatemala del anhelo y de las alas rubias 
dos veces extraída del amor! 
¡Salve, Guatemala del no callado musical silencio! 
¡Salve, mano del Bien! 
¡Salve mano de Dios! 
Puertas son las espaldas. No veas extramuros. 
Puertas de hueso y carne a la entrada del mundo, 
en la ciudad del grito, donde se lustran las botas 
con sangre, militares de muerte. 
¡No veas! Las espaldas del hombre encadenado 
oculten la visión de las cárceles llenas, los muros 
fusilados, los caminos huyendo pavoridos 
¡No veas, lo que fue ameno entre campos de flores, 
fiesta del poderío del hombre ciudadano, 
hoy convertido en yugo, picota y sacristía! 
¡Ciégate la ventura de no ver 
y deja que nosotos no apartemos los ojos 
de ti que eres esposa, madre, hija, doncella, 
hoy vendida al extraño! ¡Oh castigo! ¡Castigo! 
Nadie mueve los labios y todos ven incrédulos, 
ven de día y de noche, lo que, Patria, no veas, 
al gran filibustero morder los onomásticos 
de tus senos granudos de tierra cariñosa, 
huesudo carnicero, y a los que te vendieron 
cuidar que no interrumpa ninguno el festín de oro. 
Sople el viento la antorcha de colores 
que pinta con su luz tu firmamento, 
la noche oculte el día para siempre, 
el gran filibustero con ojos animales 
devora intimidades de la Patria, 
la palpa igual que un pelotero 
y la aguija para que de vergüenza 
se desmaye en sus brazos... 
¿Por qué Dios es tan malo que no se apaga el cielo? 
Sálgase el mar y barra con la tierra y los lagos, 
tanta dulzura, tanta riqueza acumulada, 
un terremoto acabe con todo para siempre, 
el gran filibustero, baboso de tabaco, 
taladra con su idioma trepidante 
el oído de aroma de la Patria, 
que ya no tiene nombre... 
¿Por que Dios es tan malo que no se apaga el cielo? 
No hay tiempo en las arenas 
de las esclavitudes. 
En las hojas, hay tiempo, 
en las ramas, los troncos y raíces, 
hay ese tiempo vivo que es del que vive el hombre 
y el que la Patria un día tenía en sus relojes, 
hoy el filibustero le cuenta las jornadas 
para que satisfaga su ambición de pirata... 
¡Oh, tardanza del fuego, del huracán y el rayo! 
¡Patria con su cintura de bisagra quebrada! 
¿Que otro atributo el suyo que su esbeltez? 
¿Que otro atributo, en alto, que el cántaro con agua? 
¿Que borceguí más fino que la piel de su planta? 
¡Salid, filudas llamas y degollad cosechas! 
¡Hay que incendiar la tierra contra el filibustero! 
No es un mito el veneno que adormece y enjuta, 
las cadenas del hielo, el vinagre en la esponja... 
¡Poblad de muerte el tiempo! 
¡Poblad de muerte el mundo! 
¡Ni una isla de vida! 
¡Ni una isla de sueño! 
¡La Patria fue vendida al gran filibustero! 
Los árboles se duermen en invierno. 
Así la Patria duerma mientras ellos imperen, 
el gran filibustero y los mil cancerberos, 
así la Patria duerma mientras ellos dominen, 
así la Patria duerma en espera del día 
en que habrá que decir a las estrellas, brillen, 
a las aguas reflejen la alegría sonora 
de la cara del cielo y a los muertos despierten 
que ha llegado la hora del hogar sin verdugos, 
de la vida sin miedo, de la tierra sin amos, 
de la siembra y cosecha de los preciosos granos, 
del día venturoso de abrir los brazos todos 
para echarnos al cuello de la Patria querida 
y decirle con lluvia de júbilo en los ojos, 
estás entre tus hijos, 
y ellos están contigo.

TECUN-UMAN

Tecún-Umán, el de las torres verdes, 
el de las altas torres verdes, verdes, 
el de las torres verdes, verdes, verdes, 
y en fila india indios, indios, indios 
incontables como cien mil zompopos: 
diez mil de flecha en pie de nube, mil 
de honda en pie de chopo, siete mil 
cerbateneros y mil filos de hacha 
en cada cumbre ala de mariposa 
caída en hormiguero de guerreros. 
Tecún-Umán, el de las plumas verdes, 
el de las largas plumas verdes, verdes, 
el de las plumas verdes, verdes, verdes, 
verdes, verdes, Quetzal de varios frentes 
y movibles alas en la batalla, 
en el aporreo de las mazorcas 
de hombres de maíz que se desgranan 
picoteados por pájaros de fuego, 
en red de muerte entre las piedras sueltas. 
Quetzalumán, el de las alas verdes 
y larga cola verde, verde, verde, 
verdes flechas verdes desde las torres 
verdes, tatuado de tatuajes verdes. 
Tecún-Umán, el de los atabales, 
ruido tributario de la tempestad 
en seco de los tamborones, cuero 
de tamborón medio ternero, cuero 
de tamborón que lleva cuero, cuero 
adentro, cuero en medio, cuero afuera, 
cuero de tamborón, bón, bón, borón, bón, 
bón, bón, borón, bón, bón, bón, borón, bón, 
bón, borón, bón, bón, bón, borón, bón, bón, 
pepitoria de trueno que golpea 
con pepitas gigantes en el hueso 
del eco que desdobla el teponastle, 
teponpón, teponpón, teponastle, 
teponpón, teponpón, teponastle, 
tepón, teponpón, tepón, teponpón, 
teponpón, teponpón, teponpón... 
Quetzalumán, el de las tunas verdes, 
el de las altas tunas verdes, verdes, 
el de las tunas verdes, verdes, verdes. 
Las astas de las lanzas con metales 
preciosos de victoria de relámpago 
y los penachos despenicados
entre los estandartes de las tunas 
y el desmoronamiento de la tierra 
nublada y los lagos que apedrean 
con el tún de sus tumbos sin espuma. 
Tún, munición de guerra de Tecún
que llama, clama, junta, saca hombres 
de la tierra para guerrear el baile 
de la guerra que es el baile del tún. 
Tún, tambor de guerra de Tecún, 
ciego por dentro como el nido túnel 
del colibrí gigante, del Quetzal, 
el colibrí gigante de Tecún. 
Quetzal, imán del sol, Tecún, imán 
del tún, Quetzaltecún, sol y tún, tún- 
bo del lago, tún-bo del monte, tún- 
bo del verde, tún-bo del cielo, tún, 
tún, tún, tún-bo del verde corazón 
del tún, palpitación de la primavera, 
en la primera primavera tún-bo
de flores que bañó la tierra viva. 
¡Abuelo de ambidiestros! ¡Mano grande 
para cubrirse el pecho con tlascalas
y españoles, fieras con cara humana! 
¡Varón de Galibal y Señorío 
de Quetzales en el patrimonio 
testicular del cuenco de la honda, 
y barba de pájaros goteantes 
hasta la última generación 
de jefes pintados con achiote rojo 
y pelo de frijol enredador 
en penachos de águilas cautivas! 
¡Jefe de valentías y murallas 
de tribus de piedra brava y clanes 
de volcanes con brazos! Fuego y lava. 
¿Quien se explica los volcanes sin brazos? 
¡Raza de tempestad envuelta en plumas 
de Quetzal, rojas, verdes, amarillas! 
¡Quetzalumán, la serpiente coral 
tiñe de miel de guerra el Sequijel
el desangrarse el Arbol del Augurio, 
en el augurio de la sangre en lluvia, 
a la altura de los cerros quetzales 
y frente al Gavilán de Extremadura! 
¡Tecún-Umán! 
Silencio en rama... 
Máscara de la noche agujereada... 
Tortilla de ceniza y plumas muertas 
en los agarraderos de la sombra, 
más alla de la tiniebla, en la tiniebla 
y bajo la tiniebla sin curación. 
El Gavilán de Extremadura, uñas, 
armadura y longinada lanza... 
¿A quién llamar sin agua en las pupilas? 
En las orejas de los caracoles sin viento 
a quién llamar... a quién llamar... 
¡Tecún-Umán! ¡Quetzalumán! 
No se corta su aliento porque sigue en las llamas 
Una ciudad en armas en su sangre 
sigue, una ciudad con armadura 
de campanas en lugar de tún, dueña 
de semilla de libertad en alas 
del colibrí gigante, del quetzal, 
semilla dulce al perforar la lengua 
en que ahora le llaman ¡Capitan! 
¡Ya no es el tún! ¡Ya no es Tecún! 
¡Ahora es el tán-tán de las campanas, 
Capitán!


HABLA EL GRAN LENGUA

Ceñimos las diademas del fuego, 
las diademas del hombre, 
para defender nuestra heredad, 
el patrio elemento terrenal 
sin tráfago de dueños; 
tenemos las llaves del futuro 
donde comienza el tiempo 
y el cielo que atraviesa 
el caminante de las sandalias de oro. 

Vestimos nuestro plumaje, orlamos 
nuestros pechos de acolchado silencio 
con la flor heroica, candente, 
y empezamos a batallar en las montañas, 
en los campos, 
en la ordenación de los telares, 
de las palabras conjugadas con rocío, 
de las herramientas bañadas de sudor, 
de los candelarios de turquesa y jade, 
petrificados en las escalinatas de los vertederos 
de silencio lunar. 
Tuvimos la mañana en el pecho. 
Los ojos de las mujeres de senos en yunta 
vieron amanecer entre criaturas 
y amamantó a los hijos la leche tributaria 
del bien y la alegría. 
Tuvimos la mañana en las manos. 
Tuvimos la mañana en la frente. 
Y nadie avanzó allá de las pestañas del mar, 
espumosas, salobres, 
y nadie alteró el ritmo de su paso. 
Las cabezas movíanse en redor de los cuellos, 
al inclinarse para la reverencia, alzarse para andar 
erguidas o volverse de un lado a otro: ¿Cuántas cabezas? 

La selva las contaba. Cuantas cabezas firmes 
en los cuellos, en los hombros, el tórax, 
las piernas, las pantorrillas, los tobillos 
y el lenguaje de los dedos de los pies 
de la raza que sosegó caminos. 
Una gran asamblea. 
Agua nacida de las rocas, los ojos en las caras. 
Grandes o pequeñas gotas de agua, las pupilas, 
en las caras de piel lisa, fresca, 
pulida por el viento, húmedo lunar. 
Veían. Hablaban. Inexistentes y existentes. 
Su presencia era el hablar y el callar. 
Las manos en balanzas de antebrazos con brazaletes 
que pesaban el dicho del sabio, 
daban alas a la elocuencia del vidente 
y se abrían y cerraban, como hojas de adormidera 
en los antebrazos dolidos del extático, 
quietud que rompió el Gran Lengua, 
al que seguían las luciérnagas 
entre la luz y el sueño, las joyas, el colibrí, 
la pelambre graciosa de la mazorca de maíz verde, 
la cárcel de los tatuajes 
y las pieles de venadas que lo hacían distante.

AUTOQUIROMANCIA

Leo en la palma de mi mano, 
Patria, tu dulce geografía. 
Sube la línea de mi vida 
con trazo igual a tus volcanes 
y luego baja como línea 
de corazón hasta mis dedos. 
Mis manos son tu superficie, 
la estampa viva de tu tacto. 
Mapa con montes, montes, montes, 
los llamaré Cuchumatanes, 
como esas cumbres que el zafiro 
del Mar del Sur ve de turquesa. 
El Tacaná, dedo gigante, 
guarde la entrada del asombro 
donde el maíz se vuelve grano 
ya comestible para el hombre, 
cereal humano de tu carne. 
El monte claro de la luna 
es en tu mano lago abuelo 
con doce templos a la orilla. 
De allí partió tu pueblo niño 
-modela, pinta, esculpe, teje- 
a la conquista de la aurora. 
Polvo de luz en la tiniebla, 
línea del sol en la canora 
carne del cuenco de mi mano, 
caracol hondo en que palpitan 
atlantes ríos acolchados 
y otros más rápidos, suicidas. 
Oigo pegando mis oídos 
al mapa vivo de tu suelo 
que llevo aquí, aquí en las manos, 
repicar todas tus campanas, 
parpadear todas tus estrellas. 
Al desposarme con mi tierra 
haced, amigos, mi sortija 
con la luciérnaga más sola. 
La inmensa noche de mi muerte 
duerma mi sien sobre mi mano 
con la luciérnaga más sola.

ES EL CASO DE HABLAR

Madre, te bendigo porque supiste hacer 
de tu hijo un hombre real y enteramente humano. 
Él triunfará en la vida. Se marcha y es el caso 
de hablar de su regreso. Cuando veas volver, 
en un día de fiesta, un viador que en la mano 
luzca preciosas joyas y haga notorios paso 
y ademán -¿insolencia, dinero o buena suerte?-; 
no salgas a su encuentro, puede no ser tu hijo. 

Madre, si mirando el camino se acongoja tu alma 
y tras la tapia asoma entonces un caminante 
que trae gran renombre, espada poderosa, 
ceñidas armaduras, en la frente la palma 
de la victoria, y gesto de sigamos adelante, 
por mucho que eso valga vale muy poca cosa 
el poder de la espada, el oro y el renombre; 
no salgas a su encuentro, puede no ser tu hijo. 

Madre, si aspirando el aroma de una flor 
en un día de otoño gris y meditabundo 
oyes que alguien te llama y te dice: ¡Señora, 
allá por el camino viene un gran señor 
del brazo de su amada, conoce todo el mundo, 
en la pupila clara trae la mar que añora 
y en su copa de mieles un sabor de aventura!; 
no salgas a su encuentro, puede no ser tu hijo. 

Madre, si en el invierno, después de haber cenado,
estás junto al bracero pensando con desgano, 
oídos a la lluvia que cae sobre el techo, 
y en eso, puerta y viento... Es alguien que ha 
entrado 
descubierta la frente y herramienta en la mano, 
levántate a su encuentro porque tienes derecho 
de abrazar a tu hijo, de quien hiciste un hombre 
que vuelve de la vida con el jornal ganado.

RETRATO DE ABUELOS

Recuerdo que en los días rosados de mi infancia, 
la abuela…(¿de quién son los abuelos?, ¿de los niños?), 
solía por las noches, cuando la tibia instancia 
parecía una caja de dulces de la luna, 
contar historias viejas. Hoy ya no sé ninguna. 
Abriendo lentamente los cofres de mi abuelo, 
me daba a que besara la hoja de su espada. 
Guardaba ha muchos años un relojón de plata, 
una bandera blanca y azul color de cielo, 
la estrella de una espuela y un lazo de corbata. 
Conservo esos recuerdos que me legó de un hombre 
y tengo en las reliquias de mis antepasados 
la historia de mi casa, la gloria de mi nombre, 
y guardo en esos cofres que siempre están abiertos 
el retrato de bodas de mis abuelos muertos.

ELLA LO DIJO EN UN POEMA

Va pasando esta pena, 
la pena de la vida, 
la pena que no importa, 
tú la has sentido larga, 
yo la he sentido corta 
y aún está distante 
la tierra prometida. 
A nuestro paso errante 
fatal es todo empeño, 
toda esperanza es muerta, 
toda ilusión fallida ... 
Yo guardaré tu nombre, 
yo velaré tu sueño, 
yo esperaré contigo los primeros albores, 
yo enjugaré tu llanto cuando conmigo llores, 
y cuando ya no quieras que camine contigo 
déjame abandonada como un grano de trigo 
sobre las sementeras ... 
¡Déjame para siempre cuando ya no me quieras!

EL AMOR

¡Ah, suave afán, cabal e inútil pena, 
clima de una piel tibia como un trino, 
en secreto misterio la cadena 
forjando está con sólo ser divino! 

Astral tonicidad de sus recreos, 
preciosa soledad de sus combates, 
en linterna de alarma sus deseos 
quemando está de campos a penates. 


Eternidad de pétalo de rosa, 
silencio azúl de álamo que aroma, 
manjar de sombra con calor de esposa, 
fruto prohibido que en el polen yerra, 
tejiendo está con alas de paloma, 
el vestido de novia de la Tierra.

INVIERNO

En rodillas de viento, galgo y huella 
fuí tras de ti, mujer en mi presencia 
transportado por ágil luz de estrella 
de sentido en sentido hasta la ausencia. 
Atravesaste, amor, los egoísmos 
que en sílice de lágrimas desvelo 
yuxtaponiendo abismos sobre abismos 
en mi insoluble soledad de hielo. 
La gran araña de la lluvia teje 
con agua y viento telarañas móviles 
¿qué mañana serán cuando despeje? 
Superficie de vidrio sin quebranto, 
como serán mis ojos cuando inmóviles 
hayan llorado ya todo su llanto.

LA LUZ CORRE DESNUDA POR EL RIO

La luz corre desnuda por el río 
huyendo sin cesar en lo movible 
de la profundidad, del hondo frío 
en que empieza la sombra y lo invisible. 
La conoció al nacer, era rocío, 
no este vano correr tras lo imposible, 
imagen del humano desafío 
a la divinidad. Sueño apacible 
que endulza los saleros de los ojos, 
mesa frugal y paz es lo que anhela 
navegante, soldado y rey de antojos; 
pero ¡ay! del ¡ay! del alma, no se alcanza 
a volver con los remos y la vela 
al puerto en que dejamos la esperanza.

Autor: Miguel Ángel Asturias

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